Todos somos parte del problema


En la Unión Europea se plantearon hace unos años un desafío.: Reducir hacia el 2010 en un 50% el número de víctimas fatales en accidentes de tránsito.

Si bien el objetivo no se cumplirá, se han salvado muchas vidas con las acciones emprendidas, y los consejos y recomendaciones elaborados, han sido base de muchas normativas en distintos países de otras regiones cuando de seguridad vial se trata.

Por ejemplo ya hace más de 5 años se estableció que: "Velocidad excesiva e inadaptada, es la causante de aproximadamente un tercio de los accidentes mortales y graves, siendo además factor determinante de la gravedad de las lesiones". Además hace bastante que para el transporte se instrumentaron los limitadores de velocidad.

En noviembre de 2002, fue una Directiva por la que se impuso el uso generalizado de dispositivos de limitación de velocidad a partir de 2005 en el caso de los vehículos nuevos (de más de 7,5 tn y más de 8 pasajeros), y de ahí a 2008, en el de los vehículos matriculados .

En nuestro país el tema de la limitación de la velocidad en los ómnibus de larga distancia fue motivo de un largo debate. Se debatieron motivos técnicos, operativos y económicos.

Finalmente se instrumentó un cronograma por parte de la CNRT, y hoy podemos decir que la gran mayoría de los vehículos de empresas registradas y legales de larga distancia están limitados.

¿Cuáles fueron los resultados?. Si bien el tiempo transcurrido es poco para poder hacer una evaluación precisa, y todavía no se cuentan con datos oficiales del Observatorio de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, la impresión que tenemos todos en el sector es que han disminuido los accidentes de ómnibus.

Uno de los pocos datos que lo puede corroborar es el indicador mensual del ISEV, que a noviembre muestra que en el sector transporte de pasajeros la participación vehicular de este sector comparada al 2008, disminuyó de 5,7% a 4,2%.

Si bien a nadie escapa la importancia de esta variación, hay que aclarar que habla de transporte de pasajeros tanto urbano como de larga distancia.

Sin embargo el hecho de esta baja participación del sector en el total de la siniestralidad vial, deja al descubierto el otro aspecto del problema.

Más del 85% de participación en la siniestralidad vial es responsabilidad de automóviles, bicicletas, motocicletas y ciclomotores. Y aquí lamentablemente se ha hecho poco y nada.

Los camiones tienen el doble de participación siniestral de los ómnibus y colectivos. Y ahí no se hizo casi nada.

Entonces, si como vemos en este número los vehículos de transporte de pasajeros de larga distancia cumplen con las condiciones de ensayo de vuelco, si están limitados electrónicamente, si los conductores están controlados exhaustivamente por el Ministerio de Trabajo en lo relacionado a las horas de trabajo, donde continuamente se realizan reuniones en la CNRT para analizar los diagramas de las empresas, si cuentan con carnet profesional previo estudio psicofísico, si además los vehículos en los demás ítems mecánicos son sometidos a verificaciones periódicas en talleres autorizados de revisión técnica y antes de salir a la venta deben cumplir condiciones ambientales y técnicas muy estrictas para aprobar la LCD, la pregunta inevitable es: ¿ Y los demás?

No ya desde una posición caprichosa, sino de verdadera importancia para el fondo del problema. Los ómnibus no circulan solos en las carreteras. Y asimismo no todas las rutas de nuestro país son autopistas ni se encuentran en buen estado. Estamos llegando al absurdo de buscar hacer un medio perfecto en un sistema imperfecto.

Es buena noticia que los ómnibus tengan menos accidentes. Pero la mala noticia es que a partir de ahora, eliminados la mayoría de los ítems conflictivos o mejorables, si no se aplica el mismo rigor a sus compañeros de ruta, y a la ruta misma, el problema no desaparecerá.

Esperemos que cuando ocurra otro siniestro vial en el que esté involucrado un ómnibus no se olviden de todo lo que avanzó el sector para superarse y ser más seguro.

Es a partir de ahora en que se debe analizar cuidadosamente como interactúan en esos siniestros las rutas, los camiones, las bicicletas, las motos y los autos.

Y sobre todo que se hizo con cada uno para que sean mas seguros.

¿Limitar los autos es una locura? ¿Que los camiones estén obligados a los mismos períodos de descanso de sus conductores que los ómnibus es un imposible? ¿Que la mayoría de nuestras destruidas rutas sean autopistas es soñar mucho?

Pues entonces hablen claro. Lo que se busca con los ómnibus no es mejorar la seguridad vial del sistema, sino un ejemplo. Y a nosotros nos preocupa la seguridad de todos.

Hemos entendido que somos parte del problema como una manera de saber que podemos ser parte de la solución. Esperamos de todos lo mismo.

Por Mario Verdeguer
Presidente de CELADI.